La tarde, como un ave moribunda
Plegó la seda de sus rubias alas
Y la tristeza de los viejos talas
Se tornó más solemne y más profunda.
Martirizaron tus pequeñas manos
La fragante blancura del pañuelo,
En tanto que un enorme desconsuelo
Entornaba tus ojos africanos.
Añoramos la ecológica fragancia
De la breve novela de la infancia
Que truncamos aquel atardecer.
Se durmieron tus manos en mis manos
Nos despedimos como dos hermanos
Y desde entonces no te he vuelto a ver.
Poema
Manuel PortellaLetras de Poesías
Discos Tiempo de Boleros
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